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Aquí podremos ver algunos ejemplos de establecimientos que
han sabido mantener a lo largo de los años su aspecto original,
anteponiendo esta imagen a las novedades técnicas. En estos
locales podemos ver la distribución y decoración original.
Relación
de Establecimientos:
Caramelos
Paco: C/ Toledo 55. Madrid 28005.
La Violeta-Bombonería: C/ Plaza de Canalejas 6. Madrid 28014.
Atilano Domingo-Churrería: C/ Embajadores 76. Madrid 28012.
Deleuze Isasi: Farmacia: C/ San Bernardo 39. Madrid 28013.
Vallejo: Peluquería: C/ Santa Isabel 22. Madrid 28012.
Lhardy: Restaurante: Carrera de San Jerónimo 8. Madrid 28014.
CARAMELOS PACO
En
1939, tras el fin de la Guerra Civil Española, Francisco
Moreno, fundador de Caramelos Paco, decidió hacer de los
caramelos su producto estrella. Él mismo los fabricaba en
la trastienda, usando la imaginación para conseguir sabores
y formas nuevas.
Hoy
en día mantiene la misma distribución que en el año
39, y siguen siendo pioneros en la búsqueda de nuevos sabores
artesanos, como sus conocidos caramelos de carajillo condensado.
LA
VIOLETA
Este
establecimiento se inauguró en 1915. Se trata de una tienda
pequeña pero elegante situada en una calle que acababa de
renovar su fisonomía. En los bajos de uno de los sofisticados
edificios que se construyeron se abrió esta bombonería
que exhibía en sus vitrinas botes de caramelos, bombones
y frutas en almíbar.
Desde
sus comienzos los caramelos predilectos de la tienda fueron las
violetas, con la forma y el color de la flor. La Violeta mantiene
hoy en día la fachada original de madera y se conserva la
tradición en cada detalle.
ATILANO
DOMINGO
Esta
churrería se abrió en 1903, como cafetín donde
además se preparaban churros. Se trataba de uno de esos establecimientos
que en esos tiempos difíciles en que faltaban materias primas,
se ofrecía café de segunda mano a bajo precio, elaborado
con los posos de café de cafeterías de primera como
el Café Gijón o San Millán. Hoy en día
el café es de buena calidad, pero lo que continúa
siendo excelente son sus churros y porras artesanas. Y el nombre
no puede ser más adecuado: Atilano es el patrón del
gremio de los churreros.
DELEUZE
ISASI
A simple
vista al entrar en esta farmacia bicentenaria, da la impresión
de que lo único que ha cambiado en todo este tiempo es la
máquina registradora. En sus comienzos podían encontrarse
a los hombres de ciencia en la rebotica mezclando sus hierbas y
ungüentos.
Tiene
una decoración de estilo barroco que hace que se asemeje
más a una estancia palaciega que a una botica. La familia
Deleuze, actual propietaria, compró la farmacia en 1947 muy
deteriorada, y la restauró para recuperar su decoración
original.
VALLEJO
Vallejo
fue una de las peluquerías más conocidas de principios
de siglo. Hasta 30 tijeras y cuchillas eran empuñadas simultáneamente
en un salón siempre lleno de clientes. Acudieron a Vallejo
personajes ilustres como Ramón y Cajal o Gregorio Marañón.
Es curioso conocer que Basilio Vallejo instauró el día
del cliente, en el que éste era obsequiado con masaje, copa
de licor y puro.
El
regente del negocio hoy en día es el hijo de Basilio Vallejo,
que mantiene al máximo su aspecto original, así como
un gran número de recuerdos. Su fachada de 1914 en cerámica
decorada, hoy conservada, se ha declarado de interés histórico
artístico.
LHARDY
Se
trata sin duda de uno de los restaurantes con más historia
de nuestra ciudad. Lhardy se inauguró en 1839 como pastelería
con Emile Huguenin a la cabeza. Pocos meses después de su
apertura se amplió el negocio a restaurante. Se sabe que
incluso Isabel II se escapaba de palacio para acudir a este local
lleno de historia. En Lhardy podía degustarse posiblemente
la mejor gastronomía de la época, pero además
su ambiente cortesano y su decoración digna de una residencia
real, hacían del local un punto de referencia para la aristocracia
de la época.
Lhardy
fue el primer restaurante de lujo de Madrid. La fachada fue diseñada
por Rafael Guerrero, padre de María Guerrero hacia 1880.
Se realizó con madera de caoba traída directamente
de Cuba. Tanto la fachada como el resto del local se mantienen intactas
a pesar del paso del tiempo. Hoy en día sigue siendo típico
degustar una taza de caldo en Lhardy, tradición antigua que
aún se conserva.
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