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Entrando a Alcalá por la antigua carretera N-II, a la derecha
de la misma se encuentra la antigua muralla,
que cercaba el recinto medieval de la ciudad. En el recinto amurallado
se abren dos puertas: la Puerta de Madrid,
sustituida en 1778 por una sobria construcción de piedra
de estilo neoclásico y la de Burgos,
incorporada hoy al Monasterio de las Bernardas.
Junto a la muralla, sumándose al recorrido de este, encontramos
el Museo de esculturas al aire libre,
que reúne obras de los más diversos autores, estilos
y materiales.
Siguiendo el curso de la Muralla desde la Puerta de Madrid llegamos
al Palacio Arzobispal, excepcional
muestra de la arquitectura de los siglos XIV y XV que desgraciadamente
fue doblemente destruido, durante la Guerra Civil y tras un terrible
incendio en agosto de 1939, que no sólo acabó con
gran parte del monumento si no que también arrasó
con la documentación que en el se conservaba como Archivo
Municipal del Reino.
En la portada del Palacio destaca el escudo del Cardenal Infante
Luis Alfonso de Borbón, que sustituyó al de Carlos
I en el siglo XVIII, a los lados de este hay dos escudos del Cardenal
Fonseca. La parte alta de la fachada está rematada con una
galería de arcos.
Junto al Palacio se encuentra el monasterio
cisterciense de las Bernardas, que cuenta con una iglesia
de estilo manierista realizada por Juan Gómez de Mora. La
fachada está realizada en ladrillo que contrasta con la decoración
en piedra. Pero lo realmente original se encuentra en el interior,
con una cúpula elíptica, rodeada por cuatro capillas
también elípticas, que se alternan con otras tres
rectangulares. La decoración pictórica de la iglesia
es también destacable, especialmente el retablo del altar,
obra de Angelo Nardi.
Atravesando la Plaza del Palacio encontramos la Casa
de la Entrevista, conmemoración del primer encuentro
de Colón con la reina Isabel, que tuvo lugar en el Palacio
Arzobispal. Alberga la Biblioteca Iberoamericana y una sala de exposiciones
temporales.
Siguiendo recto por la calle de San Juan y tras atravesar la Plaza
de los Santos Niños, encontramos la Catedral
Magistral, auténtica joya de la arquitectura complutense.
La Catedral se levanta en el lugar donde los Santos Niños,
Justo y Pastor fueron enterrados tras su decapitación por
orden de Daciano en el año 304. Fue mandada construir entre
1497 y 1516 por el Cardenal Cisneros en el lugar en que se levantaba
anteriormente una pequeña parroquia, que fue creciendo.
La portada principal de la iglesia es de estilo gótico, con
escudos y el típico cordón franciscano. Junto a esta
fachada se alza la alta torre que alberga el campanario.
En el interior está dividida en tres amplias naves, la central
cubierta con bóvedas de terceletes y las laterales con bóvedas
de crucería, que se comunican mediante una girola poligonal.
Destacables son las rejas, preciosas, con decoración vegetal
que datan de 1509. Bajo el presbiterio se encuentra la cripta de
los Santos Niños.
En la nave de la Epístola se abren varias capillas,
empezando por la del Cristo de la Agonía,
la de Santa María la Rica, la de San Diego de Alcalá,
la de la Virgen del Val, patrona de Alcalá y, por
último, la portada de acceso a la parroquia de San
Pedro.
Saliendo de la Magistral nos dirigimos a la calle
Mayor, ancha y porticada de origen medieval que siempre ha
sido el núcleo comercial de la zona centro, y el lugar donde
la mayor parte de los alcalaínos prefieren para sus paseos
urbanos, ya que es peatonal. Además de las muchas casas con
encanto que el viajero podrá descubrir, en la calle Mayor
encontramos monumentos como el Hospital de
Antezana, conocido como el Hospitalillo, junto a él
se encuentra la Casa-Museo de Cervantes,
construida en el lugar donde se cree que el famoso escritor nació.
Al final de la calle Mayor se encuentra la Plaza
de Cervantes, se trata del centro urbano de Alcalá,
lugar de reunión e inicio de muchas excursiones turísticas.
La plaza sólo está porticada por dos de sus laterales,
ya que se trataba de la frontera entre la ciudad y el barrio universitario.
Junto a la Plaza, en el Callejón de santa María se
encuentra la Oficina de Turismo.
Desde la Plaza se pueden observar diversos monumentos: el
Círculo de contribuyentes, combinación de estilo
tradicional alcalaíno y renovador realizado en ladrillo y
con dos terrazas exteriores, la Capilla del
Oidor, monumento destruido durante la Guerra Civil, de él
sólo se conserva la Torre de Santa María y parte de
la capilla donde se conserva una reproducción, fabricada
con algunos de los fragmentos originales, de la pila bautismal de
Cervantes, el Ayuntamiento, antiguo
Colegio de San Carlos Borromeo o "de Agonizantes", y el
Teatro Cervantes, que si bien desde
fuera apenas se distingue por encontrarse camuflado entre las arquerías,
es un monumento único, antiguo Corral de Comedias de los
Zapateros, conserva su planta de herradura y ha servido como instrumento
para conocer mejor los corrales de comedias del Siglo de Oro.
En la plaza también encontramos el Monumento
a Cervantes, de bronce, data del año 1879, los relieves
del pedestal, del Quijote, son actuales (1994) y el quiosco
de música.
Muy cerca de la Plaza encontramos la Universidad Cisneriana, auténtico
emblema de Alcalá: Con una preciosa fachada renacentista,
dirigida por Rodrigo Gil de Hontañón, se trata de
un edificio armonioso y original.
Traspasando la fachada se accede al Patio
de Santo Tomás de Villanueva, primer alumno de al
Universidad en ser elevado a los altares. Se trata de un patio de
estilo herreriano con tres cuerpos de arcos sustentados por columnas.
Tras este Patio encontramos el Patio de los
Filósofos, hoy convertido en jardín. Por último
encontramos el Patio Trilingüe,
claustro del colegio del mismo nombre, y que era así llamado
porque se impartían estudios de hebreo, latín y griego.
Desde el claustro se accede al Paraninfo, preciosa sala en la que
se combinan el estilo hispano-musulmán con otros estilos
arquitectónicos. Especial mención merece el artesonado
del techo, de estilo mudéjar, con "lacería a
seis".
Aunque muchos son los monumentos y la belleza de Alcalá que
nos queda por descubrir hemos de finalizar la visita, no sin antes
descubrir un último edificio: el Palacete
Laredo, situado en el Paseo de la Estación, es obra
de Manuel Laredo, uno de los más ilustres hijos de Alcalá,
que también fue alcalde. Del Palacio destaca la Torre del
reloj rematada con una cúpula de escamas en cerámica
verde y blanca.
En el interior las salas están decoradas según diferentes
estilos y de las que destaca la que da a la fachada por su artesonado.
Cada rincón de Alcalá tiene más que conocer
y que vivir, recomendamos una visita con más calma y con
unos ojos muy abiertos a cada detalle que la Villa Complutense ofrece.
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